
Residencia
22
Una casa definida por la continuidad entre madera, piedra oscura, vegetación y una luz cálida que acompaña cada estancia.
El proyecto construye una atmósfera serena a partir de tres operaciones: continuidad visual, materialidad táctil y una iluminación indirecta que realza las proporciones.
Materia que
construye calma.
La carpintería en tonos nogal organiza el programa; la piedra oscura aporta profundidad y la vegetación tropical prolonga la arquitectura hacia el exterior.
La casa
en movimiento.
El centro
cotidiano.
Una gran isla reúne preparación y encuentro. La madera envuelve el volumen principal, mientras la piedra negra introduce precisión y contraste.

Reunirse
con el paisaje.
La mesa se ubica frente a una apertura total hacia el jardín. El muro pétreo y la iluminación perimetral refuerzan una sensación de refugio abierto.
Un horizonte
privado.
La suite principal se abre por completo al paisaje. El mobiliario bajo, la paleta neutra y el cielorraso en madera permiten que la vista conserve el protagonismo.

Ritual,
luz y jardín.
La bañera ocupa el eje visual entre piedra, vidrio y vegetación. La luz rasante enfatiza texturas y convierte el baño en una estancia de pausa.
Dos formas
de descansar.
Una habitación explora la profundidad de la piedra y la vista nocturna; la otra se construye desde la calidez de la madera listonada y el tejido natural.
Piedra · Penumbra
Madera · Textura
Materia
envolvente.
La piedra oscura, el mosaico y la madera forman una secuencia continua. El jardín funciona como una extensión visual del espacio de agua.
Concentración
en calma.
La biblioteca iluminada genera profundidad y orden. El escritorio central se orienta hacia el agua y el jardín para equilibrar trabajo y contemplación.
Habitar
la serenidad.
Residencia 22 propone una arquitectura interior donde cada material, cada línea de luz y cada apertura al paisaje participan de una misma atmósfera.